La Santa Muerte: Con Las Tres Desgracias
Paperback
Series: La Santa Muerte: Saga, Book 7
Please select the version of book you would like to purchase.
ISBN13: 9798280684577
Publisher: Independently Published
Published: Apr 20 2025
Pages: 186
Weight: 0.56
Height: 0.40 Width: 6.00 Depth: 9.00
Language: Spanish
Publisher: Independently Published
Published: Apr 20 2025
Pages: 186
Weight: 0.56
Height: 0.40 Width: 6.00 Depth: 9.00
Language: Spanish
Fragmento de la obra: Los cinco caminaron despacio, hacia el otro lado de la casa. Se escuchaba apenas un murmullo de algo, un sonido monótono y en muy baja frecuencia, que nadie atinaba adivinar.
Unos pasos más, reveló lo que verdaderamente sucedÃa, frente a Ignacio. PrÃncipe de PrÃncipes, cuando vivo. Rey de Reyes y la mejor representación de La Santa Muerte, cuando muerto. Un verdadero mar de Espinozas tenÃa bloqueada toda la banqueta y la calle entera; más de la mitad de ellos hincados, rezando, pidiendo, agradeciendo. Venerando. Reconociendo -y aceptando- plenamente frente a quién se encontraban, en esos momentos. - Ah... vamos a necesitar poner cojines... - Dijo Manuela, suavemente. Nuestros dos protas -Rosa y Pascual- y nuestras tres antas estaban verdaderamente sorprendidos. Era la primera vez que todos veÃan a Ignacio del otro lado de la vitrina. Obvio que no habÃan podido verlo durante los ensayos de la obra de teatro, para no dar a conocer el maravilloso secreto. Pero ahora sà podÃan mirarlo y admirarlo, desde cualquiera de los tres vidrios. Ignacio lucÃa verdaderamente imponente, flotando en medio de esa luz fluorescente, parecÃa una verdadera aparición divina en la tierra. HabÃa sido buena idea revelarlo de noche, más que de dÃa. El efecto era verdaderamente avasallador e impresionante. Las pintitas de la túnica lanzaban destellos y guiños dorados a la multitud; eran verdaderas estrellitas centelleantes señalando -hablándoles- a cada uno de ellos. Poco más de veinte centÃmetros sobre el suelo, y dos metros con trece por encima del piso, Ignacio recorrÃa con la vista a los nuevos súbditos de su recién inaugurado reino. Se le veÃa complacido con lo que habÃa del otro lado del vidrio blindado. Aferrando una justiciera guadaña en la mano, Ignacio prometÃa a todos regir con mano justa, pero cariñosa. PrometÃa escuchar todas y cada una de las súplicas y quejas, con atención individual. PrometÃa dar sabio consejo a todos aquellos que poseyeran el don de estar en contacto, ya fuera visual-auditivo o sólo auditivo. Y también de paso prometÃa hacer milagros a corto y largo plazo. PrometÃa a todos haber llegado para quedarse, por siempre y para siempre. PrometÃa cobijar bajo ese manto de estrellas que hoy vestÃa a todo el pueblo de México, a cambio de absolutamente nada. Pero fe, amor y devoción serÃan gratamente aceptados, más no eran requisitos de membresÃa. La tÃa Josefa se abrió paso entre las multitudes al ver a las chicas, y llegó pegando gritos -como era de esperar. También los ojos verdes de sapo se le salÃan de las cuencas. - Esto es maravilloso, magnÃfico, espectacular! Yo sabÃa que Virginia estaba muy adelantada a su época! Que Dios la tenga en su Gloria! Hay más de cien Santas Muertes aquà presentes, y todas se están convirtiendo en lo mismo que hay detrás del vidrio! Están imitando! Chona estiró los brazos despacio, y sus hermanas la tomaron cada una de la mano. - Estamos siendo catapultadas, hermanas. Gracias Mamarita... gracias... Y con eso, se fue desplomada al suelo.
Unos pasos más, reveló lo que verdaderamente sucedÃa, frente a Ignacio. PrÃncipe de PrÃncipes, cuando vivo. Rey de Reyes y la mejor representación de La Santa Muerte, cuando muerto. Un verdadero mar de Espinozas tenÃa bloqueada toda la banqueta y la calle entera; más de la mitad de ellos hincados, rezando, pidiendo, agradeciendo. Venerando. Reconociendo -y aceptando- plenamente frente a quién se encontraban, en esos momentos. - Ah... vamos a necesitar poner cojines... - Dijo Manuela, suavemente. Nuestros dos protas -Rosa y Pascual- y nuestras tres antas estaban verdaderamente sorprendidos. Era la primera vez que todos veÃan a Ignacio del otro lado de la vitrina. Obvio que no habÃan podido verlo durante los ensayos de la obra de teatro, para no dar a conocer el maravilloso secreto. Pero ahora sà podÃan mirarlo y admirarlo, desde cualquiera de los tres vidrios. Ignacio lucÃa verdaderamente imponente, flotando en medio de esa luz fluorescente, parecÃa una verdadera aparición divina en la tierra. HabÃa sido buena idea revelarlo de noche, más que de dÃa. El efecto era verdaderamente avasallador e impresionante. Las pintitas de la túnica lanzaban destellos y guiños dorados a la multitud; eran verdaderas estrellitas centelleantes señalando -hablándoles- a cada uno de ellos. Poco más de veinte centÃmetros sobre el suelo, y dos metros con trece por encima del piso, Ignacio recorrÃa con la vista a los nuevos súbditos de su recién inaugurado reino. Se le veÃa complacido con lo que habÃa del otro lado del vidrio blindado. Aferrando una justiciera guadaña en la mano, Ignacio prometÃa a todos regir con mano justa, pero cariñosa. PrometÃa escuchar todas y cada una de las súplicas y quejas, con atención individual. PrometÃa dar sabio consejo a todos aquellos que poseyeran el don de estar en contacto, ya fuera visual-auditivo o sólo auditivo. Y también de paso prometÃa hacer milagros a corto y largo plazo. PrometÃa a todos haber llegado para quedarse, por siempre y para siempre. PrometÃa cobijar bajo ese manto de estrellas que hoy vestÃa a todo el pueblo de México, a cambio de absolutamente nada. Pero fe, amor y devoción serÃan gratamente aceptados, más no eran requisitos de membresÃa. La tÃa Josefa se abrió paso entre las multitudes al ver a las chicas, y llegó pegando gritos -como era de esperar. También los ojos verdes de sapo se le salÃan de las cuencas. - Esto es maravilloso, magnÃfico, espectacular! Yo sabÃa que Virginia estaba muy adelantada a su época! Que Dios la tenga en su Gloria! Hay más de cien Santas Muertes aquà presentes, y todas se están convirtiendo en lo mismo que hay detrás del vidrio! Están imitando! Chona estiró los brazos despacio, y sus hermanas la tomaron cada una de la mano. - Estamos siendo catapultadas, hermanas. Gracias Mamarita... gracias... Y con eso, se fue desplomada al suelo.
Also from
Whittington, Martha
Also in
Mystery & Thriller
Coffin Road: An Utterly Gripping Crime Thriller from the Author of the China Thrillers
May, Peter
Paperback
From $9.99
Sabine's Notebook: In Which the Extraordinary Correspondence of Griffin & Sabine Continues
Bantock, Nick
Hardcover
$10.99
The Girl with the Dragon Tattoo (Movie Tie-In Edition): Book 1 of the Millennium Trilogy
Larsson, Stieg
Paperback
$9.99
The Golden Mean: In Which the Extraordinary Correspondence of Griffin & Sabine Concludes
Bantock, Nick
Hardcover
$9.99
Big Little Truths: Reese's Book Club: A Novel: The Sequel to Big Little Lies
Moriarty, Liane
Hardcover
$30.60
The Pirate Queen: A Novel from the New York Times Bestselling Author of the Frozen River
Lawhon, Ariel
Hardcover
$28.80
The Altar of Pergamon: The Mystery of the Dark Angel and the Future of the World
Cahn, Jonathan
Hardcover
$28.49
